jueves, 24 de abril de 2014

I hope he never let me down again.-

(En pos de querer humanizar un blog, enunciaré que había escrito una entrada genial, pero la aplicación del teléfono no me acompañó y bueeeeh... No guardó todo lo que había escrito. Acá tendrán un sucedáneo de lo que esgrimí con dedicación antes)

Desde el 17 al 21 de febrero se realizó el FICIQQ. Pedro estaba contento, era parte del jurado de Documentales y, además, exhibirían una producción suya. Estábamos contentos. Sus alegrías eran las mías y viceversa. Fueron días intensos: él corría de un lugar para otro y nos comunicábamos poco. Pero estaba feliz. Lo acompañé en nuestra distancia.

No obstante, la comunicación fue menguando. Ya había pasado el FICIQQ. Pero habían cosas tensas, no entendía por qué, pero estaba. Y nosotros... ¡Nosotros sin comunicarnos! Era raro, no habíamos caído en esa dinámica antes. Dejó de hablarme y en realidad, no me gusta perturbar los espacios personales suyos, así que tampoco intenté hablarle o algo similar. Así pasaron días y hasta casi dos semanas. Ya estábamos en marzo y esto no me gustaba ¿Qué hice? Bueno, escribí un correo. Presentí que era lo más pertinente: lo podría leer una y otra vez según le acomode y responder cuándo quisiera (idealmente sería que lo hubiere respondido inmediato...), qué sé yo, así me lo plantee y así fue. Decir que fue un e-mail digno sería una farsa... 

El 17 de marzo puse la lápida.


"Pedro:

En realidad no sé cómo empezar este correo, tal vez, partiendo por decir que me hubiese encantado que fuere una carta de mi puño y letra... Pero no, para mi la letra y ese tipo de comunicación es de una intimidad profunda e inquebrantable; comprenderás que aquí ya no es así."

Claro, ya daba por perdido algo y estaba en toda la razón. El e-mail continúa con otro párrafo más íntimo, más lleno de quiebres y cuestionamientos. Todo termina en un "¿Por qué? ¿Qué ocurre?". Y la respuesta suya comienza de este modo:


"Bárbara:

No se que es lo que sucede pero si se que estoy en un periodo de cambios. Si no me he comunicado contigo desde mi último "ya" es porque he estado tratando de descifrar que me pasa y ahora que lo pienso... No se."

¡Cagamos! Si él no sabe qué mierda pasa ¿cómo lo he de saber yo? Hasta el píloro toda esta situación. Pero esto -el correo- termina así:

"Gracias por querer mi bien. Sabes que eres el motor en mi vida. Sin ti seguiría marcando el paso en la arena pero sin dejar huellas. Te debo todo. Eres mi amor. 

Pero aún no se cual es el camino que debo tomar."

Agradezco el siempre bien ponderado resultado
del motor de búsqueda de Google por estas
imágenes tan ad-hoc
Y ahí sentí que todo se fue a la mierda, que nada era justo y me hice bolita. No tenía más salida que hacerme bolita. Me importaba un carajo ser su motor de vida y cuanta huevá bonita que puso... ¡El Loco me estaba dejando en una forma, retóricamente tan bonita, que no debía dolerme! Paso en falso. Mi derecho a réplica se vio reducido a un incómodo proceso de concatenación de letras sin mayor argumento que el odio fundamentado en la desolación y en la más profunda desesperación. "¿Qué hice mal?". La pregunta que JAMÁS uno debe hacerse en estas situaciones y, con la mente alterada, las respuestas son aterradoras, te matan y fragmentan. En fin. Esto se terminó (al menos así pensé yo).

Después de ese 17 de marzo, el silencio estaba presente. Ya no me sentía acompañada ¿Han sentido ese vacío de mierda, que te ahoga y bloquea la garganta y hasta te enferma? Claro, así me dejó este tipo. Fueron días en donde, literalmente, me sentía "pa' la cagá". Qué desgracia más grande estar así y no por voluntad propia, sino, porque otro vino y estrujó todo lo que eras y ¡Paf! Todo desarticulado y sin saber de dónde agarrarme. Él era quien me sujetaba si llegaba a caer y ya no estaba. La decepción perpetró todo, impoluta la infame sobre mi cabeza y por cuanto órgano existente navegó.

¿Qué hacer? ¿Cómo hacerlo volver? (Indigno po', hueón. Indigno)... No sé, nunca lo supe hasta el día 1 de abril. Si no era por motivación mía o de él, era algo exógeno y ¡Saz! Entró a jugar la zona de subducción de las placas tectónicas de Nazca y Sudamericana. No es que agradezca el terremoto, para nada, pero acá fue clave para encontrar el punto de inflexión y la excusa perfecta para llamarlo. 

Cuento corto: lo llamé, estuvimos hablando y retomamos la comunicación. Nos propusimos ser amigos... En realidad, continuar nuestra amistad, jamás se cortó pero... En fin. Ahí estamos, como siempre, juntos-juntos y tan lejos. Comunicados y compartiéndonos la vida dentro de las limitantes que nos impone nuestro "status" actual.

¿Estamos locos? Si, así lo creo yo. Pero somos felices así (aunque no nos crean, estamos felices así).

¿Qué más les puedo decir de Pedro? Que espero que no me decepcione -de nuevo-. Sólo eso.


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